L. Seguí
24/02/2010
EXTREMADURA, HAY QUE IR (y 2)
Mérida es de conocimiento universal por su excepcional y bien conservado Teatro Romano, que desde 1933 alberga el desarrollo del Festival de Teatro Clásico de Mérida, y Muestra del buen hacer de Roma a la hora de reinventar lo que ya hizo Grecia: aprovechar las condiciones del suelo para establecer en él un teatro capaz de albergar a 6.000 espectadores, divididos en tres zonas: imacavea (22 filas de graderio), media (5 filas) y summa cavea, cuyo diámetro es de unos 86 metros.

Desde todos los asientos se podía escuchar perfectamente lo que se decía desde la escena gracias a las excepcionales condiciones acústicas con las que supieron dotar a la estructura general. El teatro se localizaba dentro de la ciudad romana en una situación períferica de la misma, junto a la muralla; apoyándose parte del graderío en el Cerro de San Albín.

Promovida por el cónsul Marco Vipsanio Agripa, en la ciudad romana de Emerita Augusta, su construcción se produjo en los años 15 a 16 a. C. Tras el abandono propiciado por el cristianismo a causa de la inmoralidad del teatro, éste se abandona y cubre de tierra, quedando solamente visible la zona superior del graderío (summa cavea), El proscenio rectangular, el escenario o pulpitum y por último el frontal de la escena (scaenae frons), constituyen la vista más espectacular y característica del teatro: tiene 7,5 m de anchura, 63 de longitud y 17,5 de altura total, está formado por dos cuerpos de columnas de orden corintio con basamentos y cornisas de mármol, adornado con esculturas en los espacios entre columnas y en él se abren tres puertas, una central llamada valva regia y dos laterales llamadas valvae hospitalia.

Las excavaciones del teatro comenzaron en 1910 estando dirigidas por el arqueólogo José Ramón Mélida, cuando se exhumó la mayor parte del edificio, documentándose numerosas columnas, cornisas, estatuas y otros materiales del edificio, sobre todo del frente escénico, reconstruido en los años 60 y 70 del siglo XX bajo la dirección del arquitecto y arqueólogo José Menéndez Pidal y Álvarez.

Fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1993 por la UNESCO. Y los asistentes al Congreso Nacional de la Federación Española de Periodistas y Escritores de Turismo tuvimos ocasión de comprobar, in situ, todo cuanto aquí se dice.
Luis Seguí
